miércoles, 20 de octubre de 2010

Virginia Woolf me enamora

Por Santiago Ocampos

Virginia Woolf enamora. Virginia Woolf me enamora. Me lleva el amor a su lengua marina. Con su monologo empuñado por el verdor de una hoja a punto de entrar en otoño o en años la palabra es eco, esbozo, dibujo para enamorarme. Virginia Woolf enamora. En la multiplicidad de personajes el amor es un torrente de piel, de luz, de río embravecido serpenteando por el siglo, por las grietas filosóficas de Jean Paul Sastre. El orgullo habla a solas con la poesía estrellada contra los murallones. Virginia Woolf me enamora porque desnuda a la palabra frente al deseo. En un tiempo muy largo puede enamorar Virginia Woolf porque ella nació para la niebla londinense espesa como café caliente de madrugada y por eso camina por los senderos de su jardín abriendo la luz. Hacia el árbol de la memoria los niños corren pidiendo la poesía a Virginia Woolf. Ella escoge el lugar cuando me enamora y me deja tomado de la inspiración. Virgina Woolf tiene un sueño desarticulado por el lenguaje y desparrama en la prosa sus sensaciones de yo multiplicado sin sujetarse a la fantasía. Persigue el tiempo siguiendo la caricia temprana, tratando de cambiar los contornos de su propia sombra. Virginia Woolf enamora porque es verosímil, porque tallando el sol del horizonte cae con él. Virginia Woolf trae el sol cuando la mirada de uno de sus personajes la retrata con el trazo de la palabra. Virginia Woolf enamora aún más cuando atravieso la campiña inglesa a su lado soportando el cielo plomizo. La lluvia no escrita pero dicha está. Virginia Woolf también tiene una hermana, también inglesa, también argentina, también Alfonsina Storni, con quien comparte un lenguaje incomunicable, un lenguaje abrasador, y un beso que llega tarde a las gestas de sus labios. Virginia Woolf tiene pájaros, además de personajes, todos ellos juntos forman un gran ramo oloroso de colores, y en la soga de la palabra el equilibro se mece por ellos. Melancólica, abierta, incandescente, Virginia Woolf tiene su pelo negro enredado a las primaveras azules grabadas en llaves de papel. Virginia Woolf tiene la osadía de enamorarme y lo consigue. Su diálogo es el recuerdo de mis futuros años de soledad. La playa y el mar tocan la lectura, el olor salado de ese mar invoca a la vocación. Un trozo de infinito disuelve la palabra en esa espuma cercana al amor como Clarise Lispector. Otros tantos caminos. Otros tantos pedregales. Otros relatos Virginia Woolf escribe sabiendo a espuma de mar. Tiene gusto a mar cuando besa. Cuando apaga la noche y se saca la ropa de la mortalidad. Su cuerpo empieza donde empiezan sus palabras. Al compás de las olas a Virginia Woolf escribo en el espacio poético, margen estrecho donde apaciguo las aguas frías de su angustia. Su existencia acompaña mi palabra, palabra de pocos años. Virginia Woolf se entrega al amor en una sola caminata. Con sus pies revoluciona la literatura y con las manos intenta enamorarme. Virginia Woolf no tiene fronteras, tierra, ni luna, ni hombre de letras que la enamore porque su pelo negro amarra un barco abandonado. Su ropa por la tarde tiende para cambiar de personaje. De la geografía de sus palabras nuevas parte la tarde rumbo al mar y al llegar la noche la luna le ofrece su cuenco plateado para alumbrar lo escrito. En las cosas escritas hoy Virginia Woolf decide empezar a terminar su día. En el pretexto la herida se abre en el papel con su superficie rugosa, sin cura. La herida es la belleza, el trino de su alma que crece y trata de llegar por sus solas fuerzas al mar, al espejo (al menos) para ver en él el propio cuerpo mojado que la enamora. Virginia Woolf enamora. Me enamora a través de las grandes cortinas de su ventana. Virginia Woolf tiene un teatro de madera húmeda donde los personajes la reconocen, la entienden y la enamoran y empiezan a naufragar después de navegar interminables horas por su piel y finalmente caen como pétalos maduros por las márgenes de lo no escrito y devastados por la marejada ardiente ella los olvida. Virginia Woolf desciende por el vasto mediodía con sus libros a las playas hinchadas de nubes. Es el sol apenas un tajo sobre sus dedos. La ola construye la vida de Virginia Woolf desde el amor, desde sus papeles desordenados, queriendo fundar en ella algo parecido a la eternidad. Virginia Woolf es una caracola de mar por esos sus palabras suenan a algo lejano, a algo no presente. Es una mujer escrita por la urgencia de la cordura. Una mujer en la cima de sus emociones escribiendo la voz del río Ouse al sentirlo palpar el beso tibio del mar que la arrastró, totalmente desnuda, desprovista de palabras, una tarde todavía más enamorada que la mía, una mañana siguiente más enamorada. Las palabras de Virginia Woolf vuelven a dar una vuelta por el Tamesis con su padre. Virginia Woolf a su habitación deja que entre mientras escribe el futuro y por su respiración, siento bajo la yema de los dedos, como, por la palabra, su cuerpo va desvaneciéndose de mi mirada breve, violenta, fugaz y, es, entonces cuando vuelvo a amarla como ella atrapó, enamorada, esas últimas palabras, una noche, en el ramaje marino, verdoso, devastador, de su oleaje.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Virgina Wolf te enamora tanto que en la mar donde tú eres el farol me ahogo de tanta ternura.
Saludos, Muchita.

Anónimo dijo...

es un enredo de amor y delicias mortales

Horacio dijo...

"La herida es la belleza, el trino de su alma que crece y trata de llegar por sus solas fuerzas al mar, al espejo (al menos) para ver en él el propio cuerpo mojado que la enamora. Virginia Woolf enamora. Me enamora a través de las grandes cortinas de su ventana."

Muy bueno, me quedo con eso

Saludos

Gladys Acha y Sergio Soler dijo...

Luego de mucho leer, dejamos el mensaje. No hemos querido llenarte de comentarios en nuestra primera visita.
Te agradecemos mucho el respeto por la palabra, que es lo primero que agradece el lector -el comprometido-.
Ha sido un placer la lectura y no en vano el comentario se queda en esta entrada. No. Es que, a través de tu escrito, nos enamoramos nuevamente de Virginia.
Un saludo enorme.