jueves, 14 de febrero de 2013

La transformación no impidió que su sentido no se perdiera


Artículo publicado en la Edición Impresa del Diario La Mañana Cipolletti del día martes 12 de febrero de 2013.

Por Santiago Ocampos
Escritor Cipoleño

El carnaval es ante todo una fiesta popular con múltiples significados religiosos, culturales y políticos. Muchos de ellos ocultos en diversas manifestaciones que aún hoy cobran relevancia a pesar de haber perdido el lazo semántico originario. Los colores, las expresiones corporales y la música responden a un sentido, a una forma de unificar la voz del cuerpo social.
Es el valor de la carne  lo que tiene importancia en este tiempo. "La carne vale" es la instancia que precede a la Cuaresma, a los 40 días antes de la Pascua y tiene su corolario el Miércoles de Ceniza, cuando empieza a ponerse en práctica el ayuno y la abstinencia.
El origen son distintas fiestas del mundo antiguo. En Roma, por ejemplo se celebraban las “Saturnalias” donde eran liberados los esclavos y se relajaban las costumbres morales. El eje estaba puesto en la fertilidad de los ciclos de la naturaleza. Los frutos de la tierra como el vientre de la mujer eran motivo para consagrar ritos que luego serían trasladados de forma satírica o disfrazada en el Medioevo y el Renacimiento.
La sociedad medieval no desconocía la risa. Al contrario frente a la seriedad de la Iglesia y el Estado oponían modos de diversión que durante los días de Carnaval se manifestaban en gestos y burlas al poder político que no estaba estructurado en forma piramidal. Los roles se invertían y se burlaban de los eclesiásticos, de los nobles y de los Señores Feudales.
El mundo al revés donde los locos y los pobres eran los amos tuvo una continuación en el mundo americano cuando los esclavos negros utilizaban la vestimenta de sus "Señores" en las calles de Buenos Aires a fines del siglo XVIII. Esto provocó que las autoridades españolas mantuvieran recelos respecto de estos festejos a los que consideraban "indecentes".

VIDA Y LUZ

Refleja también un período en que la vida gana sobre la muerte. La luz por encima de la oscuridad. La comunidad boliviana celebra el 2 de febrero a la Virgen de la Candelaria. Y en Estados Unidos una marmota indica el fin del invierno o su prolongación. Figuras como Saint Jordi, héroe catalán por antonomasia o San Martín de Tours, representan hombres que triunfan y guían hacia el bien. Es la razón por la que, tradicionalmente, se quema un muñeco que personifica el mal.
En la Italia del Renacimiento, Lorenzo de Médicis, promovió el Carnaval florentino fomentando la construcción de carros triunfales ornamentados por artistas de renombre para provecho de sus intereses políticos. Cada ciudad europea concibió la festividad para obtener prestigio, poder y riquezas.
Los carruajes nacieron por el deseo de nobles y comerciantes que querían ostentar sus nuevas fortunas. Grupos de ciudadanos notables, enmascarados y disfrazados salían por la ciudad a gritar canciones irreverentes y burlescas contra sus enemigos. Centenares de individuos desfilaban detrás de un estandarte con los colores y las armas de la comparsa a la que pertenecían. 
La transformación que sufrió el Carnaval, a lo largo de los siglos, no impidió que su sentido universal, el de desahogar al hombre de sus propios instintos y el de configurar la realidad social, se perdiera. A partir de la pluralidad de voces y costumbres, su significado más íntimo podría encontrarse en Alejo Carpentier cuando escribe “Concierto Barroco” y le imprime el ritmo de la sangre de mulatos, mestizos y el eterno sonido de los tambores contra la noche.