miércoles, 8 de junio de 2011

Lágrimas de tarde (1)

Por Santiago Ocampos

La vida en unas lágrimas que caían como esperanza nueva, como sueño reflejado en las flores del agua. Las lágrimas bebían la boca, el espacio entre el cuerpo y las lágrimas. Porque las lágrimas eran de luna llena. La raíz profunda entrada en años. Las lágrimas tenían que ver con el mar. Las lágrimas eran un valle hecho de tiza. En la infancia. En la hoguera encendida de la poesía. De la adolescencia venían esas lágrimas comidas por la sal. Por la angustia de mirar al peregrino de la noche buena. Esas lágrimas parecían cuerpos hambrientos pidiendo en la puerta. Esas lágrimas tenían que ver con el sol. Con el crepúsculo en el perfil de las sombras. Esas lágrimas tenían la tibieza de las palabras. El corazón enjuagado, hecho harapos. Esas lágrimas eran el beso antes de pasar a la poesía ¡Como caían esas lágrimas por el rostro! Por el surco de vida labrado en el campo de las mariposas. De ilusión era el agua de ellas. De la sal venían. El equilibrio entre el cuerpo y la sombra eran las lágrimas. Y caían como lluvia anunciada. Eran un manantial secreto. Eran la luz de la tarde. Reflejo de poeta atrapado por la luz. El cielo pasado de lágrimas. Caricia de lágrimas que intentan imitar el alma. El lecho tendían las lágrimas que eran penurias de otros tiempos. Las lágrimas tocaban el rostro. Y eran un camino abierto sobre la tarde. La extenuada paciencia del cuerpo de la primavera al sentir esas lágrimas. Al poblar su valle con esas lágrimas. Con ese temor imprevisto, espontáneo, caliente. Las lágrimas volvían a las manos pidiendo permiso para sentir el tacto. La rutina de las cosas. El sol roto en la imagen última. La poesía que nacía. Que nacía sin tener otra cosa que las lágrimas. Las lágrimas finas recorrían la llanura. Los senderos del alma. Y las lágrimas crecían gordas, tiernas. Las lágrimas se tensaban al tocar el aire. Al despertarse contra el alma. Al sentir la prisa de la palabra. Las lágrimas eran blancas como las flores de luto de mayo. Las lágrimas tenían en la voz los años, el recuerdo en el espejo del poeta.


8 comentarios:

Nerina Thomas dijo...

Maravilloso.
Un placer leerte-
Graciasssssssssssssss por llegar a nosotros.
un cariño

Blanca dijo...

Las lágrimas purifican y hablan por sí solas.

Saludos.

Maria dijo...

Quiero destacar esta frase porque me parece formidable: 'Esas lágrimas eran el beso antes de pasar a la poesía '.
A veces me quedo sin palabras de ver cómo los escritores toman un tema cualquiera y le imprimen forma unica, y hacen maravillas, aqui de las lagrimas haces todo un mar 'prosa-poetico' envidiable. Mi saludo y gracias por pasar por mi blog.

MUCHITA dijo...

¡Lindas lágrimas poéticas!

Besos mil.

Mayte García l dijo...

Hola, gracias por pasar por mi blog. Desde hoy tienes una seguidora más. Bonitas palabras.
Un saludo

Pato dijo...

Esto lo dijiste vos: "Esas lágrimas eran el beso antes de pasar a la poesía" y ese trayecto, el poder dar ese paso te liberan del dolor, ese que teñían a las flores de mayo de negro.

Me hiciste pensar en mis flores de luto que son también de mayo, coincidencias...

Te paso mi blog, tal vez te interese leer lo que yo escribo, no es obligación, es compartir miradas, creo.

www.especiesquedesaparecen.blogspot.com
Por mis caminos
Besos

Estar latiendo dijo...

Gracias por pasar por mi blog. ;D
Hermosa historia de lágrimas... Y me hace recordar un libro leido hace tiempo.
Saludos:

Ju

Jorgen dijo...

Muy bueno, puede pensarse la poesía como un antecedente de lágrimas.
"Esas lágrimas eran el beso antes de pasar a la poesía" me gustó mucho. Saludos compañero